A primera hora comenzamos la visita a Concarneau. Tomamos un mapa y un folleto en la oficina turística que nos sirven de guía para la visita a la pequeña ciudadela. Recorremos las pintorescas callejuelas, las murallas, tomamos un café y compramos unas conservas de pescado para nuestra despensa y para llevar de recuerdo a la familia. Concarneau nos gusta mucho, es de esos lugares que siempre recuerdas con cariño.



Nuestra siguiente parada es en el pueblo de Kerascoët, nos dirigimos hasta allí solamente para ver las casas antiguas construidas en piedra con tejado de paja adornadas con coloridas puertas. Se encuentran muy bien cuidadas y aunque ya habíamos visto estas construcciones en nuestro viaje por la campiña inglesa, como nos gustaron mucho, nos apetece volver a verlas.


Tras esta pequeña parada seguimos en ruta hasta los alineamientos megalíticos de Carnac, pero antes paramos en la playa del pueblo a darnos un festín espectacular de pescado y mariscos en el restaurante Lulu a la plage.
En el apartado de consejos de nuestro post sobre La Bretaña francesa en 5 días puedes leer cómo organizar tu visita a los alineamientos de Carnac.




El resto de la tarde lo dedicamos a conocer Vannes, una de las cuidades donde podréis ver un buen conjunto de casas medievales de estilo bretón, además de una fortaleza con imponentes murallas en cuyo foso hoy día encontraréis bonitos jardines. Os recomendamos que no os perdáis Rue des Halles y la Rue St Salomon, los curiosos lavaderos de la Garenne junto a los jardines del castillo de l’hermine, la plaza de Henri IV y la puerta de la prisión.





Para dormir nos dirigimos al área de autocaravanas de Josselin.
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